FSFA: “Las necesidades de tratamientos para las poblaciones vulnerables son cada vez mayores”
- Publicado, miércoles, 08 de julio de 2026 --
- 5 vistas
NOTA DESTACADA DE CORREO FARMACÉUTICO En parajes rurales, comunidades originarias, escuelas de alta montaña y hospitales con faltantes de medicamentos, desde hace 25 años, una red de farmacéuticos solidarios trabaja para que los tratamientos lleguen donde el sistema de salud no alcanza.
“Recibimos un mensaje desde Misión Chaqueña, una comunidad Wichí del Norte de Salta. Nos pedían metotrexato porque allí hay 10 pobladores que sufren artritis reumatoidea. Esas personas tenían las manos rígidas, no podían cerrarlas, no podían utilizarlas, tenían dolor y no tenían forma de acceder a la medicación”, cuenta Marcela De Caria, miembro de la Comisión Directiva de Farmacéuticos Sin Fronteras de Argentina. “Empezamos a buscar la forma de llevarles los tratamientos, pero sobre todo, de poder darles continuidad, porque en las enfermedades crónicas, llevar una donación única no tiene sentido. El Colegio de Farmacéuticos de Moreno, provincia de Buenos Aires, donó los insumos y dos colegas preparadoras de ese partido ofrecieron donar su tiempo para hacerles periódicamente cápsulas de metotrexato en sus farmacias.
A partir de las indicaciones del médico que atiende a la comunidad, hicieron las preparaciones personalizadas para cada paciente. No imaginan la felicidad de esas personas cuando de a poco pudieron mover sus manos. Son 10 personas, pero a esas 10 personas les cambiamos la vida”.
Esta y miles de historias similares forman parte de la labor que Farmacéuticos sin Fronteras viene realizando desde hace 25 años en pequeños parajes y para poblaciones vulnerables de distintos puntos del país: sostener los tratamientos de personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, metabólicas, que no tienen salita de salud ni hospital a decenas de kilómetros a la redonda y no pueden comprar sus medicamentos.
Las donaciones representan el acceso a tratamientos, el alivio de síntomas, la prevención de enfermedades y, sobre todo, la presencia farmacéutica en comunidades muchas veces olvidadas. Desde hospitales rurales hasta parajes aborígenes y escuelas en zonas aisladas.
En 2025 FSFA envió y distribuyó más de 238.000 unidades de medicamentos e insumos en Salta, Provincia de Buenos Aires, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, Misiones, Río Negro, Córdoba, San Luis y Neuquén.
“El verdadero objetivo es ese, que sea sostenido el tiempo, no dejarlos”, resalta Lucía Armaleo, directora ejecutiva de la organización.
Y justamente ese es el objetivo más difícil, no sólo porque conseguir donaciones es dificultoso en el contexto actual del país, sino sobre todo, porque faltan voluntarios, manos.
Cada entrega es posible gracias al trabajo coordinado entre profesionales de la salud voluntarios que comparten una misma visión: que el acceso a la salud es un derecho y no un privilegio.
“Tenemos unos 20 socios activos”, cuenta Christian Riveros. “Y aproximadamente 200 que contribuyen para que se puedan adquirir aquellos tratamientos de los que no conseguimos donaciones. Tenemos referentes en diversas provincias. Son los colegas que reciben los pedidos de ayuda o que detectan las necesidades de intervención de FSFA. El año pasado estuvimos en 11 provincias con proyectos, capacitaciones o con botiquines”.
FSFA surgió como una iniciativa de un grupo de farmacéuticos luego de la crisis de 2001, para llevar tratamientos hasta tanto el gobierno pudiera articular alguna medida sanitaria, alguna
política para acercarse. Pero las carencias son tantas en el país, que la organización debió sostener la ayuda durante más de dos décadas y hoy cada vez tienen más pedidos de ayuda. “En estos momentos ya no solo nos piden de parajes remotos del país, sino que también del Conurbano. Estamos en este momento con una alta demanda porque, entre otros factores, ya no se está distribuyendo medicación que antes llegaba a través del Plan Remediar. Quedaron comunidades sin sus tratamientos. En algunos lugares son los hospitales los que nos están haciendo pedidos de medicaciones básicas. No les está llegando absolutamente nada”.
De Caria explica que, para sostenerle la medicación a los pacientes a lo largo del tiempo, “articulamos con el referente farmacéutico de la provincia, trabajamos en equipo con médicos y otros profesionales de la salud y con otras organizaciones. Se hacen fichas de los pacientes. Hay contacto con el médico que es el que el que prescribió la medicación y la dosis. Le enviamos a cada paciente la medicación para tres o para 6 meses. Y lo mantenemos en el tiempo. Lucía Armaleo se encarga de monitorear y avisar cuando hay que reponer la medicación para cada proyecto. Un tiempo antes comenzamos nuevamente a buscar los recursos para comprar los medicamentos o las donaciones para volver a enviar. Lo ideal sería que la autoridad sanitaria intervenga, pero mientras tanto tenemos que sostener los tratamientos”.
“Cada vez las necesidades son mayores y estamos tratando de ver cómo podemos ayudar a la mayor cantidad de gente posible”.
Pedidos de ayuda
“Cuando nos llega un pedido, comenzamos a buscar donaciones por varios lugares. Hay algunas droguerías que a veces nos ayudan. Y tenemos también Colegios, federaciones y cámaras que aportan mensualmente y voluntarios individuales que donan a través de Mercado Pago o de CAFAR en provincia de Buenos Aires. A veces hay laboratorios que colaboran para algún envío puntual, pero en general adquirimos los medicamentos con el dinero donado. Muchas veces los compramos en alguna farmacia cercana al lugar donde se necesitan para facilitar la logística.
En varias provincias hay colegas referentes, pero como es una tarea voluntaria, es difícil sostenerla porque cada uno tiene su trabajo, así que necesitamos más farmacéuticos para sostener esa red. Su trabajo es fundamental para relevar las necesidades de las comunidades más vulnerables, de las escuelas rurales, articular con nosotros y generar los proyectos.
Por ejemplo, cuando hubo incendios forestales en Corrientes, fue importante la tarea de colegas del Colegio de Farmacéuticos de relevar lo que necesitaban los bomberos para donarles lo que les faltaba en los botiquines.
Hoy tenemos referentes en diversos puntos del país: en Chaco, Santiago Del Estero, Mendoza y Salta. Allí articulamos con una ONG de médicos llamada Amtena, que viaja dos veces al año a atender gratuitamente a los pobladores de Santa Victoria Este. Donamos medicamentos e insumos médicos. También colaboramos con otras organizaciones que además de salud acercan educación, talleres, etc, que nos piden ayuda para cubrir las necesidades de medicamentos.
Articulamos con otras organizaciones para realizar proyectos juntos o para acercarles aquellas donaciones que no se necesitan en los proyectos que estamos desarrollando actualmente, así los pueden utilizar personas apadrinadas por otras organizaciones.
A veces nos llegan donaciones, pero nosotros no enviamos medicamentos en general a un paraje o a una escuela rural, sino que primero nuestro referente releva las necesidades reales de esa población junto con el médico de la posta sanitaria más cercana.
A partir de esas necesidades comienza la recolección. Si no conseguimos donaciones, hay que salir a comprar porque estamos comprometidos con los pacientes y tenemos que cumplir. El volumen de medicamentos para tratamientos crónicos que manejamos es muy grande”.
“Los tres meses entre envíos pasan muy rápido y es angustiante cuando se acerca la fecha y hay que salir nuevamente a buscar: Nos ponemos a relevar cuánto tenemos de lo que necesitamos y lo que falta. A veces tenemos medicación que nos dan los visitadores, pero vienen de a dos comprimidos y a veces vienen en otra dosis, tenemos que armar los pedidos según lo que necesita cada paciente”.
“Cuando nos llegan donaciones tenemos jornadas de clasificación de los medicamentos. Los organizamos por fecha de vencimiento, por monodroga, por patología, por dosis, siguiendo las recomendaciones de la OMS sobre buenas prácticas en la donación.
Todo va rotulado hacia dónde va dirigido, a qué proyecto, quién es el responsable de FSFA para que se puedan contactar cuando esa donación llega a destino”.
“Además de metotrexato, hay colegas que preparan diclofenac y metformina; también hicimos repelente para mosquitos cuando hubo inundaciones en Entre Ríos. Lo hace un grupo de farmacéuticas preparadoras de Moreno. Es mucho trabajo porque se necesitan muchas unidades”.
Hace unos meses hubo inundaciones en Santiago del Estero y como no tienen cloacas, cuando sube el agua, sube todo. Entonces nos pedían antidiarreicos y antiparasitarios. En la posta tenían un suero antiofídico pero lo habían utilizado, entonces nos pidieron por favor si les podíamos conseguir otro. No es algo que en general nos piden, pero lo compramos. Tiempo después nos llegó este mensaje: “Hoy le salvaron la vida a una persona”. A un poblador lo había mordido una serpiente y lo pudieron salvar gracias al suero antiofídico que enviamos. El saber que salvamos vidas es lo que compensa todo el esfuerzo que hacemos”.
